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5 de junio: De Calles a Chelva por la Peña cortada


A estas alturas del año, el calor no nos permite hacer excursiones muy duras, pero en este caso, no ha ido en detrimento de la diversión y el paisaje. Nos proponiamos unir los pueblos de Calles y Chelva, por la ruta que atravesaba la Peña cortada. Esta vez, el Departamento de Logística no acertó en el aprovechamiento de medios de transporte, ya que eramos 4 personas y 3 coches.

En nuestro corto camino tuvimos tiempo de atravesar bosques, puentes, rios, cuevas y acueductos. En algunos lugares, el camino estaba inundado, pero nuestra agilidad y destreza permitió que no nos mojáramos. Aunque sí que pretendiamos hacer eso más tarde. Egon y Tomás nos ofrecieron a lo largo del día un concierto de estornudos, a causa de sus alergias.

Cuando ya terminábamos la ruta, y pretendiamos coger el coche de Javi para ir a por los coches de Egon y Carlos, que habiamos dejado al inicio del camino, Javi nos sorprendió con la noticia de que se había dejado las llaves en el coche de Egon. Menos mal que un amable conductor llevó a los autoestopistas Egon y Carlos al pueblo de Calles, donde pudieron coger sus coches y arreglar el entuerto.

Pero, por si esto no era suficiente, cuando nos fuimos a comer cerca de un balneario donde había una piscina que pretendiamos disfrutar, notamos que había demasiada tranquilidad. Más tarde comprobamos que cerraban la piscina a mediodía, por lo que teniamos que esperar más de una hora. Tiempo que aprovechamos para refrescarnos, aunque Egon y Carlos tuvieron que irse antes, y sólo Javi y Tomás pudieron disfrutar de las frias aguas.

7 de febrero: Alrededores del embalse de Benagéber


Era una fria o nubosa mañana de invierno. 11 intrépidos aventureros se disponían a hollar con deleite unas oquedades topaceas... Vale, lo siento, me ha salido sólo. De tanto leer a Stewi me he contagiado.

Después de un viaje tranquilo, donde comprobamos como rugía el coche de Enrique Molina, llegamos a la presa del embalse de Benagéber, desde donde comenzaba nuestra ruta. Nada mas empezar, desoimos el consejo de Shrek: "si ves un túnel, no vayas hacia la luz". Una vez salimos de él, Tomás comenzó su primera lección del día: "la energía nuclear". A consecuencia de ello, Enrique Izquierdo estuvo a punto de dormirse mientras caminaba.

Tuvimos que parar en numerosas ocasiones, porque casi todos los integrantes llevaban su propia cámara fotográfica, y la belleza del paisaje no ayudaba a mantener un ritmo constante. Uno de los lugares de más éxito fue el puente colgante, donde nuestras debutantes internacionales (Karolina, Cristina y Alexandra), comprobaron lo locos que estamos los españoles en general, y los amiritmeros en particular.

Comimos, ahora sí, junto a unas oquedades topaceas, un menú que brilló por su calidad y cantidad. La siesta posterior de Enrique M. dió fé de ello. Una vez retomada la marcha, Tono y Rafa compitieron por quien se hacía la foto más arriesgada junto a una roca saliente, al borde de un precipicio (¡lo que hay que hacer por tener un buen perfil en el facebook!).

De vuelta a la presa, Egon nos guió a un bar de Chelva, para acabar la excursión como Dios manda, según manda la tradición de nuestro grupo.

Si quieres ver las estadísticas de la excursión pincha aquí.

17 de enero: De Serra al Garbí y vuelta


Quedamos a las nueve de la mañana en la parada de metro de Campanar-La Fe. Pero esta tiene varias salidas, y Pacho se preocupó por conocerlas todas, antes de reunirse con nosotros y partir hacia la Sierra de la Calderona.

Una vez allí, comprobamos que el autor del folleto que seguiamos, no distinguía entre punto kilométrico 21 o 23. En él se encontraba la fuente de Sant Josep, de donde debíamos partir. Al final, después de varias vueltas de coche, partimos desde la fuente de L'Ombria. Creiamos que le habían cambiado el nombre, porque el pueblo sería laico. Pero nos equivocábamos. Menos mal que desde ahí partía una ruta, que enlazaba con la nuestra, y pudimos desenredar el entuerto; gracias al GPS de Tomás y a la correcta interpretación del mapa de nuestro guía. Para no aburrirnos, Egon nos demostró la capacidad de su cámara de cambiar en las fotos los colores de la ropa y la cara de las personas.

Nuestro camino nos llevó a un castillo medio derrumbado, desde donde tuvimos una vista magnífica de la sierra y el mar. Más tarde pasamos por la fuente de Barraix, donde hace un tiempo tuvimos el honor de conocer al autor de nuestra guía excursionista, Esteban Cuellar (Stewi para los amigos).

Por fin llegamos a la cima del Garbí, donde Pacho vació el carrete de su super cámara. Enrique y Enrique II debatieron ampliamente sobre la seguridad laboral. Y Javi se dedico a preparar la excelente comida que teníamos por delante.

A la vuelta, Egon tuvo un tirón de pie (si vosotros sabeis lo que es no dudeis en explicármelo) y eso le llevó a tergiversar la ruta y hacernos dar una gran vuelta para volver a los coches. No obstante, todo se olvidó en el bar del pueblo (el mejor momento de la excursión para Enrique), donde Pacho nos explicó los tipos de cafés y platos típicos que existen en Colombia, para gran pesar de Javi y Egon, que hace pocos días habían empezado su dieta.